martes, 7 de mayo de 2013

Oblivion y las fuerzas de marea

Tengo muy abandonado el propósito original de este blog, que no se llama Física de Película por nada; es lo que pasa cuando un comienza a ver y hacer cosas interesantes, que luego no pueda parar. Pues de hoy no pasa. Vamos a darle caña a la última de Tom Cruise.

Llevo dos semanas dudando entre si ver Oblivion o no. En la lista de pros: es una película de ciencia-ficción; en la de contra: Tom Cruise. Considerando que Total Recall no me dejó tan mal sabor de boca, y que incluso me permitió jugar con la física de la Catarata, me arriesgué. Para resumirles mi conclusión, ¿recuerdan la última película que perpetró Ridley Scott, Prometheus? Pues lo diré de esta forma: comparada con Oblivion, Prometheus es Ciudadano Kane.

La verdad es que no me esperaba otra cosa. No he visto a Tom Cruise salir satisfactoriamente del papel de "chico de buen rollo, duro pero de sonrisa eterna" que patentó en los ochenta. La película, por su parte, es poco original, me recuerda a otras mucho mejores (tiene trazas de otras obras como Moon, Matrix, Wall-e e incluso Independence Day). El guión es hasta cierto punto predecible, es plano, aburrido, hecho a la medida del protagonista (impagable la escena de combate aéreo, cuando pone esa sonrisa de "jopeta, cuánto echaba yo de menos Top Gun"), y los supuestos giros espectaculares de argumento son tan sorprendentes como la bruja del túnel del miedo. Si tiene usted algo mejor que hacer, como emparejar calcetines, aproveche su tiempo.

Hala, ya me he quedado a gusto con la película desde el punto de vista cinéfilo. Vamos a echarle un vistazo a la Física. Como de costumbre, voy a desvelar un poquito del argumento, lo justo para que se entienda lo que viene a continuación. Alerta spoiler, pues. Para fastidiarle lo mínimo posible, le diré que Tom Cruise es un técnico de mantenimiento en una torre que controla los restos de la Tierra, en ruinas tras una guerra alienígena. La destrucción vino de la mano de una raza llamada los Carroñeros, que destruyeron la Luna para arrasar la superficie terrestre. La voz en off nos explica lo que sucedió:

Sin la Luna, la Tierra se sumió en el caos. Los terremotos derruyeron las ciudades en horas. Los tsunamis arrasaron lo que quedaba en pie...

Al mirar al cielo, se ven todavía los restos de nuestro hermoso satélite, un fragmento enorme junto a un anillo de piedras y polvo. Eso ya despertó mi suspicacia. Supongamos de algún modo que, en efecto, una raza alienígena tiene el poder de reventar un objeto del tamaño de nuestra Luna. Dejemos de lado el hecho de que unos seres con semejante poder podrían, sencillamente, saquear el resto del Sistema Solar en busca de materias primas, agua y fuentes de energía, sin complicarse la vida con esos monos armados con bombas nucleares. Y por supuesto, imaginemos que no forman parte de un Imperio Galáctico, y que no han hecho una exhibición de fuerza para que el miedo a su Estrella de la Muerte mantenga en calma los sistemas locales.

¿De qué sirve destruir la Luna? En principio, algunos de los fragmentos lunares podrían caer sobre la Tierra, devastándola, a estilo Starship Troopers. Sería como matar moscas a cañonazos, habiendo tantos asteroides y cometas para escoger, pero vale. Personalmente, dudo que la cantidad de energía de fusión que puedan extraer de la Tierra compense el enorme dispendio en energía necesario para destruir una luna, pero yo no soy extraterrestre, así que de nuevo, y a los fines de argumentación, lo dejaré pasar.

El problema es que con el tiempo los fragmentos desgajados de la Luna, o bien volverían a caer sobre ella, o bien escaparían al espacio exterior. Así pues, ¿por qué cincuenta años después de la voladura, los fragmentos continúan sobrevolando los restos lunares? La escena que contemplamos en la película solamente tendría sentido si una gran cantidad de despojos se las hubiera apañado para permanecer en la misma órbita que la Luna, sin atraerse mediante fuerzas gravitatorias, algo a todas luces inverosímil. Pues nada, miramos al cielo de Oblivion y parece como si la explosión hubiese tenido lugar la semana pasada, en lugar de medio siglo antes.

De la explicación dada al principio de la película, no obstante, se deduce que no fue la lluvia de fragmentos lo que arrasó la Tierra. Un trozo tan grande como el que se cargó a los dinosaurios podría devastar la superficie, produciendo terremotos y tsunamis de gran envergadura, pero ¿cómo pueden los alienígenas calcular el tamaño y trayectoria de los trozos lunares? ¿De verdad tienen sentido arriesgarse a destruir la corteza terrestre, privándose así de las materias primas que habían venido a buscar? Repito que hubiera sido más fácil y efectivo enviar un asteroide de tamaño adecuado.

Yo creo que la clave está en ese "sin la Luna, la Tierra se sumió en el caos" No parece ser la destrucción de la Luna, sino su desaparición, lo que acabó con la Tierra. No, no creo que la Humanidad se hubiese vuelto loba, y al desaparecer la Luna enloqueciesen; aunque espero que no esté leyendo esto ningún guionista, que ya estoy harto de tanta peli de hombres lobo cachas.

Mucho me temo que Oblivion se pueda haber inspirado en ciertas teorías magufas que relacionan la posición de la luna con la aparición de terremotos. Ya escribí al respecto en 2011, con ocasión del terremoto de Lorca y el tsunami de Japón. Lamentaría que esa película contribuyese a mantener el mito de la superluna destructora a mayor gloria del guaperas de Cruise y los bolsillos de Hollywood; pero me he prometido no darle más caña al guaperas (ya lo he hecho incluso por televisión), así que voy a explotar un poco la hipótesis de la película, que recordemos, era la desaparición de la Luna.

Por las puras ganas de argumentar, imaginemos que la Luna ha desaparecido de la orbita terrestre, como en la serie Espacio 1999, y que los fragmentos no producen daños a escala planetaria. En el caso de Oblivion, para ser correctos, solamente ha desaparecido una parte de la Luna, digamos la mitad, pero por pura comodidad podemos simplificar, así que supondremos que se desvanecido por completo. Las consecuencias serían diversas. Veamos algunas.

En primer lugar, la órbita de la Tierra cambiaría ligeramente. En el cole les habrán enseñado que seguimos una órbita elíptica alrededor del Sol. En realidad, no es la Tierra la que sigue dicha órbita, sino el centro de masa del sistema Tierra-Luna. En la actualidad, ese centro de masas está a unos 1.500 km. de la superficie terrestre. Al desaparecer la Luna, dicho centro de masas se desplazaría hasta el centro del planeta. La consecuencia sería que la órbita de la Tierra alrededor del sol variaría respecto de la actual (dependiendo de la posición de la Luna en el momento de su destrucción) unos 4.500 km. Ese cambio ya lo tenemos entre una fase de la Luna y la opuesta, y por supuesto la distancia al Sol varía mucho más entre estaciones, así que esto no representaría problema para nuestra supervivencia.

En segundo lugar, sin la Luna el equilibro de fuerzas cambia. Los principales cuerpos celestes que ejercen fuerzas sobre un objeto en la superficie terrestre son la Luna, el Sol, y por supuesto la propia Tierra.  Podemos usar la conocida fórmula F=GMm/r^2 para calcular la fuerza sufrida por un objeto de un kilogramo de masa. Obtenemos los siguientes resultados:

F(Tierra) = 9,8 N
F(Sol)    = 0,006 N
F(Luna)   = 0,000034 N

Como puede verse, la fuerza ejercida por la Luna es casi doscientas veces inferior a la ejercida por el Sol. No parece que vayamos a echarla de menos a efectos gravitatorios. ¿Cierto? ¡Erroooooor! El efecto más significativo vendría dado de la mano de las mareas. Tanto el Sol como la Luna producen mareas, como sabe cualquier marino. Lo que quizá no sepa es que las mareas no se deben a fuerzas gravitatorias, sino a diferencias entre fuerzas gravitatorias.

Verán ustedes. Cuando hacemos cálculos para calcular la órbita de la Tierra, tácitamente admitimos que la fuerza neta del Sol sobre la Tierra se localiza en nuestro centro de masa. Esa simplificación permite tratar a nuestro planeta como un objeto puntual. Pero no lo es. Si tenemos al Sol justo por encima de nuestras cabezas, lo tendremos unos 6.400 km más cerca que el centro del planeta; eso significa que a nosotros nos atrae con algo más de fuerza que al centro de la Tierra, que a su vez será atraído con algo más de fuerza que los habitantes de Nueva Zelanda.

Ese es el origen de las mareas. El Sol atrae las masas de agua más cercanas con algo más de intensidad, elevando algo el nivel del mar; en el otro extremo del globo, atrae al planeta con más intensidad que a las masas de agua, lo que también provoca la elevación del nivel del mar (para ser estricto, en ese caso no es que el agua "se eleve" sino que es la Tierra la que "se hunde"). La superficie del mar, vista por encima del Polo Norte, se parecería a un elipsoide abombado en la dirección del Sol. Por supuesto, la Luna hace el mismo efecto.

Los efectos de marea se llaman así porque estamos familiarizados con su manifestación más habitual, la subida y bajada del nivel del mar; pero también podemos verlo en ausencia de agua. En una estación espacial en rotación, de esas que salen en las películas, la cabeza del astronauta sufre una aceleración centrífuga (sí, he dicho centrífuga) diferente que la que actúa en los pies; y si el astronauta estuviese cayendo en un agujero negro, las fuerzas de marea lo destrozarían.

Llega ahora la hora de calcular el efecto de las mareas. Les dije antes que dependía de la diferencia de fuerzas, y así es. Supongamos un cuerpo 1, de radio r y masa m (por ejemplo, la Tierra) que gira a una distancia R del cuerpo 2, que tiene una masa M. Vamos a suponer vacas, digo cuerpos esféricos y homogéneos. El extremo más cercano del cuerpo 1 se encontrará a una distancia (R-r) del cuerpo 2, en tanto que el extremo más alejado estará a una distancia (R+r). Eso producirá una diferencia de fuerzas igual a:

ΔF = Fcercano - Flejano = GMm/(R-r)^2 - GMm/(R+r)^2

Suponiendo que el radio r es mucho menor que la distancia R, podemos aproximar la ecuación a esta:

ΔF ≈ 2GMmr/R^3

Para el caso de la Tierra, las diferencias de fuerza sobre un objeto de 1 kg de masa, debidas al Sol y a la Luna, serían:

ΔF(Sol)  = 0,0000011 N
ΔF(Luna) = 0,0000023 N

Vaya, vaya, la cosa cambia. ¿Recuerdan que la fuerza gravitatoria debida a la Luna era doscientas veces inferiores a la del Sol? Pues resulta que la Luna provoca mareas más de dos veces superiores a las del Sol. Ya les dije que las mareas estaban relacionadas con las diferencias de las fuerzas, no con las fuerzas en sí.

Cuando el Sol y la Luna están más o menos alineados (en Luna nueva o Luna llena), ambos efectos se suman, dando como resultado las llamadas mareas vivas. Por contra, en cuarto creciente o cuarto menguante, los efectos tienden a anularse (aunque no lo hacen del todo), dando lugar a las mareas muertas. La desaparición de la Luna tendería a promediarlas ambas, dando como resultado un único tipo de marea que variaría cada 24 horas debido tan sólo al Sol.

Lo que no veo por ningún lado es el efecto que tendría sobre las placas tectónicas. Las mareas serían algo distintas, eso es todo. Provocaría cambios en los patrones de circulación oceánicos y atmosféricos, los hombres lobo no se comerían una rosca, y los enamorados tendrían que besarse a la luz de... bueno, de las luciérnagas, o bien descubrir el placer de la oscuridad absoluta.

Lo único que se me ocurre para intentar salvarles la papeleta a los guionistas de Oblivion es barruntar que la explosión de los alienígenas podría haber tenido como fin no la destrucción de la Luna, sino la modificación de su órbita. Un pepinazo bien dado pondría a nuestro satélite en una órbita más cercana, probablemente elíptica pero con un perigeo (distancia más cercana) mucho menor que el actual. Fíjense en la última ecuación, y en su dependencia con el cubo de la distancia. Una Luna diez veces más cercana provocaría mareas 10^3 = mil veces mayores. Ahí sí que tendríamos para preocuparnos. Incluso si no desencadenasen terremotos, el enorme tsunami derivado de las nuevas fuerzas de marea barrería regiones enteras.

Una variante particularmente perversa consistiría en acercar la Luna tanto que las fuerzas de marea de la Tierra sobre la Luna fuesen tan intensas que provocasen la fragmentación de ésta. Es el llamado límite de Roche. Cualquier cuerpo que se acerque a nosotros más allá de ese límite (y que se quede el tiempo suficiente) acabará hecho papilla. Para la Tierra, y considerando una Luna rígida, el límite de Roche se encuentra a 9.500 km del centro del planeta. Ambos cuerpos tendrían que acercarse hasta casi rozarse. En ese caso, las fuerzas de marea sobre nuestro planeta serían enormes, y la fragmentación de la Luna sería el último de nuestros problemas.

Las escenas de Oblivion donde sale la Luna no permiten apreciar su distancia, pero la verdad, incluso sin meter al señor Roche en la ecuación, dudo que se encontrase lo bastante cerca como para provocar fuerza de marea destructoras. Y además, que no cuela. Yo me atengo a lo que dice la propia película: Sin la Luna, la Tierra se sumió en el caos. Los terremotos derruyeron las ciudades en horas. Los tsunamis arrasaron lo que quedaba en pie. Lo deja bien claro: no hay Luna. Si, por el contrario, la Luna se hubiese acercado tanto como para provocar terremotos devastadores, sería la dueña del cielo nocturno. La ausencia de la Luna no desbarataría el equilibro de las placas tectónicas.

Sin ánimo de ser exhaustivo, se me ocurren otros fallos físicos relacionados con la película. Ya saben, ojito a los spoilers:
- Se supone que los humanos usaron armas nucleares para defenderse de los Carroñeros, y por eso hay zonas prohibidas a los humanos. Esas zonas aparecen nítidamente como líneas rectas quebradas en el mapa, cuyo traspaso implica morir sí o sí. Una explosión nuclear provocaría una zona de radiación muy irregular, dependiente de los vientos y la configuración del terreno. De hecho, ¿no se extendería y diluiría la radiactividad en medio siglo?
- (Esta me la apuntó mi hijo). El prota tiene un vehículo volador propulsado por dos motores a los lados, de dirección variable. También tiene un rotor de cola como el de los helicópteros. La función de dicho rotor, en un helicóptero, es compensar la rotación de las palas principales (que, si giran en un sentido, harían girar al helicóptero en sentido opuesto). ¿Para qué las necesita en un helicóptero sin palas? La función secundaria, orientar la nave, puede obtenerse de forma más eficaz con motores laterales.
- La aeronave anteriormente descrita acaba siendo pilotada por el prota hasta el TET, una enorme estación orbital. ¿Cómo puede orientarla en el vacío? El rotor de cola sería totalmente inútil. De nuevo, la alternativa de motores laterales sería más útil aquí.

En cuanto a los fallos argumentales, de guión, de interpretación, etc, se los dejo a otro como ejercicio. Y, puesto que el término oblivion se puede traducir como olvido o falta de atención, mi recomendación es que "oblivione" usted esta prescindible película y dedique su tiempo a actividades más interesantes. Esos calcetines no se emparejan solos.

jueves, 2 de mayo de 2013

Las matemáticas de los recortes en España: una lección mal enseñada (parte 2)

Tras la publicación de la primera parte, continuamos. Recordará que estábamos revisando los datos del famoso estudio de 2010 que relaciona crecimiento y deuda ("estudio RR") y que se ha convertido en una obra de referencia para justificar las políticas de recortes; esta revisión viene de la mano de otro reciente estudio ("estudio HAP") que desmiente al anterior, apuntando a múltiples fallos e irregularidades
Continuemos en esta segunda parte, y en premio a su fidelidad, les anticipo que esta segunda parte tendrá gráficas, y no de esas aburridas que constan de cuatro barras y listo, sino de las buenas. Acabaremos a estilo Spock razonando si realmente los recortes son lógicos.

LOS DATOS EN SU CONJUNTO

¿Por qué conformarnos con cuatro puntos en una gráfica? Dejémonos de grupos de deuda, y hagamos una gráfica con todos los años de todos los países, a la antigua usanza: en el eje horizontal la deuda, en el eje vertical el crecimiento del PIB.

Afortunadamente, los autores del estudio RR hicieron públicos todos los datos que usaron. Antes de nada, debo decir que me ha resultado difícil, hay datos que faltan, y cada país tiene al menos un PIB distinto, según sea el modo de calcularlo. Estoy seguro de que habré cometido algún error, pero espero que no creo que sea de importancia. Señores, señoras, con ustedes el gran gráfico, similar a la Figura 3 del estudio HAP:
Y ahora, la pregunta del trillón de dólares: ¿alguien ve aquí alguna tendencia? Yo no lo tengo claro en absoluto. Mi hoja de cálculo le da a ese conjunto de puntos un coeficiente de correlación r = -0,274 ¿Y si solamente tomamos los valores con deuda/PIB superior al 90%? Peor aún: r = -0,164. Es muy difícil obtener un conjunto de datos que guarden algún tipo de correlación y tengan un valor r tan bajo. Si esto demuestra una relación causa-efecto entre crecimiento y deuda, que me lo expliquen. Más bien al contrario: salvo excepciones muy concretas (países aliados de posguerra y el Japón de la última década), las tasas de crecimiento negativo se tienen de forma mayoritaria cuando el nivel de deuda es inferior al 90% del PIB, justo lo contrario de lo que habitualmente se acepta.

Los autores HAP (Herndon, Ash, Pollin) ajustaron los datos de forma más sofisticada que yo, y el resultado es una curva singular: decrece al principio, luego se mantiene constante, y vuelve a decrecer -aunque muy lentamente- para grandes valores de deuda. El estudio RR venía a decir que los valores de deuda/PIB superiores al 90% conllevarían una disminución en el crecimiento. Los datos HAP sugieren otra cosa. No hay discontinuidad, no hay una barrera superada la cual nos hundimos en el abismo.

Los autores del estudio HAP descubrieron también que las "tendencias" muestran diferencias tanto por año como por país. Las relaciones deuda-crecimiento son distintas según en qué década nos fijemos. Por ejemplo, ¿ven los cinco puntitos con mayor deuda, en el extremo derecho de la gráfica? Corresponden al Reino Unido en los años 1946-1950. El dato con menor crecimiento de PIB (-10,9%) corresponde a... Estados Unidos en 1946. Parece irónico, pero no lo es: cuando la potencia vencedora pasó a la paz, tuvo que desmovilizar a millones de soldados y reconvertir completamente su economía (ya no necesitan tantos tanques), así que se juntaron las enormes deudas de guerra con una caída en el PIB.

Según las conclusiones del estudio RR, ambos países serían claros ejemplos de que no es bueno tener tanta deuda. Por el contrario, la situación de la Alemania de posguerra resultaría envidiable: en 1951, primer año con datos fiables, tenemos un 6% de deuda/PIB y un 9% de crecimiento de PIB. No sé qué les parecerá a ustedes, pero en 1951 yo  preferiría vivir en la "arruinada" América antes que en la "próspera" Alemania.

Esto es tan sólo un aviso de lo arriesgado de intentar extrapolar tendencias a partir de datos en períodos históricos tan dispares. No es lo mismo un valor de crecimiento y deuda en 1946 que en 2006. Con esa idea en mente, me dediqué a jugar un poco con los datos. Una de las cosas que hice fue colorear los puntos según el año. Dividí los datos en cuatro períodos:

- Período 1: 1946-1955. Es el despegue de posguerra, donde las potencias vencedoras y las vencidas reconstruyen sus economías. Se aprecian valores de crecimiento muy dispares, y los mayores niveles de deuda de toda la gráfica, consecuencia indudable de la necesidad de financiar el esfuerzo de guerra.

- Período 2: 1955-1972. Sigue la racha de crecimiento, es la época del petróleo barato y la ilusión por el futuro. Hay crecimiento moderado, en algunos casos explosivo, con niveles de deuda bajos.

- Período 3: 1973-1990. Se extiende desde la primera crisis petrolífera hasta la caída de la URSS. Tiempos turbulentos, de crisis económica y política, sin apenas respiro, aunque algunos suertudos se las arreglaron para crecer como la espuma sin apenas endeudarse.

- Período 4: 1991-2009. La década alegre de postguerra (fría) seguida por la de la explosión de Internet. Los crecimientos espectaculares son cosa ya de la historia, y en algunos casos vuelven a aparecer valores de deuda típicos de posguerra.

No hay más que echar un vistazo a las gráficas para ver cómo van variando los patrones de los puntos. Al principio, tenemos tasas de crecimiento bastante grandes unidas a valores de deuda por lo general altos y muy dispares; a continuación, el crecimiento se obtiene con bastante menos deuda; el crecimiento comienza a detenerse; finalmente, tenemos bastantes valores de decrecimiento junto con grandes tasas de deuda.

Quizá se ven algo mejor las diferencias y similitudes si combinamos las cuatro gráficas temporales en una sola:

Vamos a jugar ahora con los países. Como son una veintena y no es cuestión de aburrir, voy a fijarme en cuatro países:

Comencemos con el país A, marcado en rojo. Se trata de Alemania. Comenzó con una deuda escasa (fruto de la tabula rasa que hicieron los aliados) y razonables niveles de crecimiento (lógico en un país destrozado que solamente puede ir hacia arriba). El dinero americano y la laboriosidad alemana produjeron el milagro: crecimiento sostenido con una deuda inferior al 12% del PIB hasta 1977. Luego las cosas se le pusieron más difíciles, pero sigue siendo un pilar de la economía mundial. Es el arquetipo del país que hace sus deberes, y que crece sin endeudarse demasiado; o al menos esa es la imagen que proyectan (a pesar de que en 2009 estaba en recesión y tenía unos niveles de deuda similares a los españoles).

En segundo lugar, el país B en verde: Estados Unidos. Tras un período de posguerra caracterizado por alto endeudamiento y bajo crecimiento, los americanos aprendieron a crecer a niveles similares a los alemanes. Eso tuvo un precio: un alto endeudamiento. Para el último año con datos (2009), el Tío Sam sufre una tasa de deuda/PIB que duplica a la de los Kartoffeln. El hecho de que sean los inventores del dólar y la economía más extensa del mundo les dan indudable ventaja a la hora de pedir prestado.

Tercer país, C, en azul: Japón. Los amigos del Sol Naciente no tienen término medio. Tras crecer espectacularmente y con poca deuda tras la Segunda Guerra Mundial, llegando a un crecimiento del 22% en 1973, se fueron desinflando poco a poco. La hegemonía de que disfrutaron en los ochenta, y que tantos quebraderos de cabeza dio a los norteamericanos, vino acompañada de un aumento de la deuda, que en 2000 superó el propio PIB (en 2009, llegó a un espectacular 181%). La última vez que crecieron por encima del 3% fue en 1992. Es, en definitiva, un país estático, atrapado en una gran bolsa de deuda y sin apenas crecimiento. Con la excepción de los países aliados de posguerra, Japón es prácticamente el único ejemplo de país industrializado con bajo crecimiento y una gran deuda, lo que no dudo habrá pesado fuertemente en la opinión de los economistas y políticos para afianzar la idea de que mucha deuda influye negativamente en el crecimiento.

Pero esperen, que nos queda el país D, en bonito amarillo. Comenzó con altas tasas de deuda en la posguerra, pero en la década de los 60 se obró el milagro: casi quince años con crecimientos espectaculares (superiores al 20% en ocasiones), y con niveles de deuda cada vez más bajos. ¿No les hubiera gustado apuntarse a esta maravilla de país? Pues denle la enhorabuena a sus padres y abuelos, señores lectores, porque el país D es España. Esa zona de puntitos amarillos y azules arriba a la izquierda de la gráfica corresponde a España y Japón en la época de despegue económico de los años sesenta. A pesar de la transición política, la inestabilidad social y la crisis del petróleo, España superó el año 1977 con un crecimiento de casi el 27% y una deuda inferior al 9% del PIB. Hurra por nuestros mayores. Pero nada dura eternamente, y a pesar de un repunte de crecimiento a mediados de los 80 y otro a finales de los noventa, nuestra historia reciente se ha visto lastrada por niveles cada vez superiores de deuda combinados con un crecimiento discreto.

No quisiera acabar esta parte sin intentar al menos romper una lanza en favor de nuestra pobre España. Los datos del último año que incluye el estudio RR (2009) muestra para nuestro país una tasa deuda/PIB del 43% y una caída en el PIB del 3,8% Esos son datos malos, pero mejores que los de países como Alemania u Holanda. ¿Por qué no nos ha ido bien a nosotros? Recibirá una respuesta u otra dependiendo de a qué político pregunte, o qué periódico lleve usted bajo el brazo. Pero en última instancia, nuestra perdición puede haber venido de un lugar inesperado.

Puede que, sencillamente, sea un problema de lógica matemática.

A IMPLICA B, ASÍ QUE B IMPLICA...

La tesis habitual de los economistas (recogida en el estudio RR y apoyada por el estudio HAP) afirma que la causalidad va de la deuda al decrecimiento. Los propios autores RR indican que "los países no suelen crecer para salir del pozo de la deuda," lo que implícitamente indica que lo correcto es lo contrario: los países reducen deuda para así volver a la senda del crecimiento. Esa es la lógica subyacente a los recortes que estamos sufriendo.

Y es una lógica equivocada. Digamos que tenemos dos proposiciones:

            - A = tenemos mucha deuda
            - B = el PIB decrece

            De acuerdo con ello, la visión clásica (que subyace en el estudio RR) nos dice que si tenemos mucha deuda entonces el PIB cae. Expresado en lenguaje matemático:

A => B

¿Cómo invertimos esta cadena lógica? Los políticos de nuestro país nos dicen: vamos a reducir la deuda para que, al final, el PIB crezca. Es decir:

no A => no B

¡Pero eso es incorrecto! Básicamente lo que están diciendo es algo así como "los coches Ford son todos azules, así que si vemos un coche que no sea Ford podemos deducir que no es azul." ¡Falso! Renault puede estar fabricando coches azules a millones, así que la relación invertida es inválida. Lo correcto desde el punto de vista lógico sería transformar la relación A => B de la siguiente forma:

no B => no A

Ese es el modo correcto. De esa forma, la afirmación "si tienes mucha deuda, entonces no crecerás" se convierte en "si creces, entonces tendrás menos deuda." Esa es la inversión correcta de la relación lógica. Y eso es EXACTAMENTE lo que han hecho países como Alemania: a pesar de su deuda, han invertido fuertemente en educación, ciencia e innovación industrial, áreas que repercuten poderosamente en el aumento del PIB, lo que en definitiva permitirá ir reduciendo los niveles de deuda en el futuro.

En España hemos hecho justo lo contrario. Los recortes salvajes que estamos sufriendo están destinados a reducir nuestros niveles de deuda, con la esperanza de que se traduzca en un futuro aumento del PIB. Pero las tesis aceptadas NO dicen eso. Lo que dicen es "aumente el PIB y así podrá reducir su deuda," y nuestros dirigentes han entendido "reduzca su deuda y así podrá aumentar el PIB." Asistimos, pues, a una política económica basada en una lógica incorrecta.

EL HUEVO Y LA GALLINA

Estoy seguro que a estas alturas muchos de mis lectores estarán preparando mentalmente sus furibundas réplicas. La lógica de reducir deuda es innegable, no podemos gastar por encima de nuestras posibilidades y todo eso. A fin de cuentas, si yo amortizo plazos de mi hipoteca con rapidez, me quitaré la deuda antes y tendré dinero que irá a mi bolsillo en lugar de al del banco.

Hace un momento les pedí que aceptasen la tesis económica clásica "la causa es la deuda y la consecuencia es la caída en el PIB" con el fin de argumentar un poco. Pero ¿hasta qué punto es cierta esa hipótesis? ¿Es la deuda responsable de la caída en el PIB, o es la caída del PIB lo que genera la deuda? Cuando dos variables parecen estar correlacionadas, es inmediato buscar una relación de causalidad. Hace algún tiempo escribí algo al respecto (en dos cómodos plazos: uno y dos) donde exploraba los problemas derivados de la causalidad. No siempre está claro qué es lo que causa qué.

Por ejemplo, el estudio PISA concluyó entre otras cosas que "la puntuación media obtenida por los alumnos en comprensión lectora se ve influida de modo notable por el número de libros en casa.  Cuanto mayor es el número de libros que el alumnado tiene en casa, más alta es la puntuación media que obtiene." Esto vendría muy bien como receta fácil para cualquiera que quiera niños listos y espabilados: comprémosles libros. ¿Pero y si es al revés? Quizá lo que pasa es que los niños de mente inquieta quieren aprender más, y por eso sus padres y parientes les regalan más libros. En ese caso, no es que los niños con más libros sean más listos, es que los niños más listos son los que tienen más libros. Algo parecido puede estar pasando en el debate "mucha deuda, poco crecimiento." En mi opinión, ambas posibilidades no solamente son lógicas, sino que actúan simultáneamente, reforzándose la una a la otra en un bucle de retroalimentación positiva. La deuda hace caer los ingresos, y los ingresos que caen incrementan la deuda.
No hay que irse a complejidades de macroeconomía internacional. El proveedor de la familia tiene problemas, porque le hay reducido el sueldo o porque en la tienda entran cada vez menos clientes. Para llegar a fin de mes, no tiene otro remedio que pedir prestado, con la confianza... no, con la esperanza de que las cosas irán mejor en el futuro; pero al pedir prestado, el mes siguiente tendrá que pagar intereses, con lo que le quedará menos dinero aún para la casa, lo que le obliga a endeudarse más, y así sucesivamente. El binomio deuda/decrecimiento es una espiral que no se detiene más que con ajustes drásticos y dolorosos: fuertes recortes (apretarse el cinturón), nuevas fuente de financiación (aprovechemos la pensión del abuelo), y una larga y penosa marcha hasta salir del abismo de la deuda. La alternativa: el desahucio y la caridad.

No hay duda de que esto es algo que muchos países tienen en mente al aplicar políticas de control riguroso del gasto, comenzando por el nuestro. Sin embargo, creo muy importante resaltar una vez más esto: el estudio RR, que parece sustentar matemáticamente la tesis "si te endeudas, tus ingresos caen" NO dice eso, NO prueba eso y en consecuencia NO debería usarse para sustentar políticas de recortes salvajes  con el fin de "reducir deuda para volver a la senda del crecimiento." Ya hay voces en las altas instancias de Europa afirmando que el estudio RR no es, por supuesto, la única fuente de sus políticas económicas, faltaría más; eso sí, hasta ahora lo han estado aplicando como si fuera la Biblia cada vez que alguien cuestionaba esas políticas.

Es posible y puede que lógico que una disminución de la deuda conlleve un aumento del PIB, pero no está demostrado en ninguna parte. Ninguna. Puede que tan sólo acabemos con una economía en recesión y algo menos endeudada. A la vista de los salvajes recortes que se han aplicado en áreas potencialmente valiosas para el crecimiento futuro, puede que nuestra posición sea la del agricultor que se come la simiente para no tener que comprar trigo al mercado. Sí, mejorará algo tu bolsillo, pero no quisiera estar en tu pellejo cuando llegue al pueblo la hora de sembrar.

Y no hace falta un curso de estadística avanzada para darse cuenta. Tan sólo un poco de lógica. Ah, que de eso tampoco hay mucho por donde se gobierna. Pues nada, a poner la tele, que hoy hay fútbol.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Las matemáticas de los recortes en España: una lección mal enseñada (parte 1)

Hubo un ministro durante la transición (no recuerdo su nombre, lo siento) al que apodaron el sastre porque, cada vez que los periodistas le planteaban un problema, respondía "voy a tomar medidas al respecto." Ese apodo le vendría muy bien a más de un ministro (o presidente) actual, tan enfrascados en dar tijeretazos y recortes a la economía española. Ya se sabrán ustedes la cantinela: vamos a recortar para volver a la senda del crecimiento, reducir deuda para que nuestra economía despegue, generar confianza en los mercados, ya basta de comer chuches por encima de nuestras posibilidades, etcétera.

Recientemente nos hemos enterado de que quizá todas esas políticas de tijeretazo estén basadas en un error de una hoja de cálculo Excel. Intrigado por el artículo de Naukas donde se han hecho eco de la noticia, y puesto que me quedaron muchas preguntas sin respuesta, me puse a escarbar, y he aquí lo que encontré. Voy a intentar, en la medida de lo posible, dejar a un lado la economía y la política para centrarme en la matemática del dilema; pero no les prometo nada.

EL ESTUDIO DE LA POLÉMICA

En 2010, los economistas Carmen Rinnhart y Kenneth Rogoff publicaron un artículo titulado Growth in a time of debt (Crecimiento en tiempos de deuda), que pronto se convirtió en uno de los más influyentes en su género. Postula la tesis de que, cuando la relación deuda/PIB supera el umbral del 90%, las consecuencias se vuelven catastróficas, provocando una brusca caída del PIB. Las políticas de contención de deuda actuales se basan en esta tesis: por ejemplo, de las siete Previsiones Marco publicadas por la Comisión Europea entre 2010 y 2013, seis citan el estudio de Reinhart y Rogoff (a partir de ahora, "estudio RR") o su umbral del 90%

¿El problema? Un reciente estudio de Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Polling ("estudio HAP"), del Instituto de Investigación en Política Económica de la Universidad de Massachusetts-Arherst, desdice muchas de las conclusiones del estudio RR y encuentra múltiples irregularidades en los datos manejados por RR.

Me he leído ambos artículos, y también he examinado los datos, que felizmente están disponibles para nuestro disfrute. Mi impresión personal es que los errores de RR no parecen deliberados, sino una mezcla de fallos más o menos chapuceros. Si hay intencionalidad, la han disimulado muy bien; o muy mal, porque deberían haber sido más sutiles. Por mi parte, no tengo motivos para dudar de la honradez de los autores RR.

El problema es que, cuando los errores se corrigen, aparece un panorama radicalmente opuesto al esperado. Sin ánimo de ser exhaustivo, voy a mostrar algunos de los problemas más agudos del estudio RR. Póngase cómodo y pase las palomitas, porque vamos a comenzar por la Tierra Media.

LA MALDICIÓN NEOZELANDESA

El error de Nueva Zelanda ha llamado especialmente la atención. Por algún motivo desconocido, pero que imaginaremos como error inocente, en el estudio RR no se incluyeron los datos correspondientes a ese país para los años 1946-1949. La verdad, olvidarse los datos de cuatro años de posguerra para un país pequeño en las antípodas de Europa no parece algo significativo. Pero lo es, y para eso tenemos que ver cómo RR procesó los datos.

El procedimiento que siguieron es este. En primer lugar, tomaron todos los valores anuales correspondientes al crecimiento (variación anual del PIB) de cada país para cada año, y los dividieron en cuatro bloques en función de las tasas de deuda/PIB: 0-30%, de 30-60%, de 60-90% y más de 90%. Para estimar las contribuciones de cada país a cada uno de esos bloques, tomaron sus datos anuales y los promediaron. De ese modo, aunque un país salga un solo año en el bloque de 0-30% y cincuenta veces en el bloque de 60-90%, ambas contribuciones se contabilizan como equivalentes.

Vale, no se ha enterado de nada, así que voy a simplificarlo con un ejemplo. Bienvenidos, señoras y señores, al Festival de la Canción de Oceaniavisión. Los 61 miembros del jurado deben escoger entre los cuatro países finalistas (Nueva Zelanda, Australia, Japón y Chile), y cada uno de los jurados puede otorgar entre 1 y 12 puntos.

Comienzan las votaciones. Los jurados se decantan de esta forma: 6 votos para Nueva Zelanda, 33 para Australia, 17 para Japón y 5 para Chile. En apariencia, parece que Australia está ganando, pero ojo, porque todavía no sabemos qué puntuación le van a dar a cada uno. Al final, digamos que los puntos se reparten de esta forma: 19 para Nueva Zelanda, 96 para Australia, 66 para Japón y 13 para Chile. La distancia entre nipones y canguros se reduce, pero el resultado final no cambia.

Esto sería lo lógico, ¿no? Pero supongamos que la empresa R&R, patrocinadora de la gala, cambia las reglas de puntuación: ahora los puntos no se suman, sino que se promedian, y el país con mayor promedio ganará el festival. El resultado final es el siguiente:

País        Votos      Puntos      Puntos promediados
Nueva Zelanda   6         19          19/6  = 3,17
Australia      33         96          96/33 = 2,91
Japón          17         66          66/17 = 3,88
Chile           5         13          13/5  = 3,40

¡Resultado sorpresa! ¡Japón gana el concurso! Los indignados australianos, ganadores en votos y en puntos, claman al cielo por el pucherazo, los patrocinadores se encogen de hombros, y los japoneses hacen mil reverencias a su cantante por la honorable victoria conseguida mientras los chilenos celebran su paso a la segunda posición.

¿A que suena algo injusto? Bueno, pues resulta que en el estudio RR sucede algo parecido. De hecho, para el ejemplo anterior he tomado los mismos datos que tiene Nueva Zelanda, sólo que en esta ocasión los puntos corresponden al incremento del PIB anual. Resulta que, en 6 años de un total de 61, Nueva Zelanda tuvo una tasa deuda/PIB inferior al 30%; tuvo 33 años con una tasa del 30-60%; 7 años con tasa del 60-90%; y cinco años con tasa superior al 90%.

Sin embargo, Nueva Zelanda no va a contribuir a los datos de forma proporcional al número de años (6-33-17-5), sino al valor medio del crecimiento del PIB de esos años (3,17%, 2,91%, 3,88% y 3,4%). Cincuenta años de deuda moderada apenas pesan más que cinco con deuda elevada. El estudio HAP denomina diplomáticamente "método de pesado poco convencional" a tan original forma de hacer las cuentas, y pide a los autores RR que justifiquen su arbitraria metodología. Deberían, ciertamente.

Pero la cosa puede ponerse aún más fea. Imaginen que cuatro de los cinco jurados partidarios de los chilenos son secuestrados por la mafia canguro. Chile solamente hubiera tenido un votante; pero, oh casualidad, ese votante les entrega nada menos que 12 puntos. Eso le otorga a Chile un total de 12/1 puntos promediados, lo que les hubiera dado la victoria por goleada.

Injusto de toda injusticia, ¿verdad? ¡Pues eso es justamente lo que sucedió en el estudio RR! Bueno, lo de la mafia canguro no (que yo sepa); pero por un error inexplicable, cuatro años dejaron de ser contabilizados, los de 1946-1949. Resulta que cuatro de esos cinco años corresponden a valores de deuda/PIB superiores al 90%; el otro año fue 1951. Fíjense en los datos:

Año         Deuda/PIB   Variación PIB
1946        134,0 %           7,7 %
1947        120,4 %          11,9 %
1948        117,2 %          -9,9 %
1949        111,5 %          10,8 %
1951         91,8 %          -7,6 %

(No aparece 1950 por un pelo, ya que ese año el valor deuda/PIB fue del 87,7%). Si se hubieran tenido en cuenta los cinco años en conjunto, obtendríamos una variación promedio del PIB del 2,6% en el bloque de deuda alta; pero como solamente se consideró el año 1951, resulta que la variación del PIB con el que contribuyó Nueva Zelanda era del -7,6%  Ese fallo lastró los resultados finales. Cualquiera que sostenga la tesis de "más deuda implica mayor caída del PIB" hubiera tenido aquí un caso de libro; salvo que no se trata de un ejemplo de libro sino de un error matemático.

¿MEDIA O MEDIANA?

El estudio RR incluye los datos medios sobre la variación del PIB de 20 países avanzados desde 1946 a 2009. El primer problema lo tenemos en el propio estudio, ya que los valores se dan en forma de tabla y de gráfica, y los datos no coinciden:

                    Tasa deuda/PIB (%)
                  0-30  30-60 60-90 >90
RR (Gráfica)      3,8  2,9  3,4  -0,1
RR (Tabla)        4,1  2,8  2,8  -0,1

Ignoro el motivo de la discrepancia, y me limitaré a dar por buenos los datos de la Tabla, como hacen en el estudio HAP. A primera vista, parece haber una tendencia a la baja: comenzamos en el 4,1%, que baja a 2,8 hasta que la tasa de deuda supera el 90%, y justo entonces pega un bajón catastrófico. Queda claro que hay un umbral en torno a ese 90%, lo que nos envía un fuerte mensaje: si pasas de este nivel de deuda, vas al abismo de cabeza.

La media aritmética, sin embargo, tiene ciertos problemillas como estimación de un promedio: es bastante sensible a la dispersión de las medidas, no todos los valores contribuyen de la misma manera, y si agrupamos los datos en intervalos el valor medio dependerá de cómo hemos realizado esa agrupamos. Es decir, si los intervalos de deuda/PIB fuesen sido distintos, los valores medios podrían variar sensiblemente. Por otro lado, si un país tiene un valor extremo de crecimiento, repercutirá de forma sensible en la media, como quedó patente tras descubrir el fallo de los datos de Nueva Zelanda.

Por estos motivos, la media suele complementarse con un valor llamado mediana. Para calcular la mediana, ordenamos los datos de menor a mayor, y el valor del dato que esté a mitad de la lista es la mediana. Es decir, si tenemos datos N1, N2, N3, N4, N5, el valor central (N3) es la mediana. La mediana no es tan sensible a las oscilaciones de los datos, y le da cierta estabilidad a la medida, por así decirlo.

Podríamos decir que, si la media y la mediana están cercanas entre sí, los datos están distribuidos de manera uniforme, sin sobresaltos ni valores extremos. Como ilustración, imaginemos a un banquero honrado y trabajador llamado Emilio (¡he dicho imaginemos!), a quien su buen hacer le ha valido un sueldo de 1.000.000€ al mes. Si lo ponemos junto a cien mileuristas, el salario mediano sería de 1.000€, pero el salario medio sería de 10.891€. Ahora id a decirle a un mileurista que 10.891 es un salario representativo, a ver qué cara os pone.

En general hay que tener cuidado cuando la media y la mediana divergen, porque podemos encontrarnos con datos "rebeldes" cuyo promedio no necesariamente es representativo. En el caso del estudio RR, fijaos lo que nos encontramos:

                     Tasa deuda/PIB (%)
                  0-30  30-60  60-90  >90
RR (Media)         4,1   2,8    2,8  -0,1
RR (Mediana)       4,2   3,0    2,9   1,6

Como puede verse, en los tres primeros tramos la diferencia entre media y mediana es pequeña, pero en el de mayor deuda encontramos una fuerte discrepancia: 1,6% para la mediana, -0,1% para la media. Esto huele a que puede haber un Emilio distorsionando los datos. Y en efecto, hay algunos Emilios ocultos en los datos de alta deuda. El principal es, como ya hemos mencionado, el caso de Nueva Zelanda, que influye fuertemente en el resultado final, pero no es el único, ya que no se incluyeron datos de posguerra sobre países como Australia o Canadá. Más aún: había cinco países cuyos datos no se habían tenido en cuenta. El hecho de que sean los primeros en orden alfabético en inglés (Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca) hace pensar que se trató de un error inocente de copypasteo, pero ahí está, y precisamente el fallo vuelve a afectar al tramo de alta deuda.

Todos cometemos errores, evidentemente, y yo sigo sin creer en una conspiración (demasiado chapuceros); pero si los señores RR se hubieran parado a reflexionar por qué la media y la mediana son tan distintas en el último tramo de deuda/PIB, tal vez hubieran revisado y corregido los datos. Los autores HAP lo hicieron y compararon sus datos corregidos con los originales. He aquí el resultado de las medias:

                        Tasa deuda/PIB (%)
                  0-30  30-60  60-90  >90
RR (original)     4,1    2,9    3,4  -0,1
HAP (corregido)   4,2    3,1    3,2   2,2

TENDENCIAS Y MÁS TENDENCIAS

Bien, lector, ¿había tendencias en los datos originales del estudio RR? ¿Las hay en los datos corregidos del estudio HAP? Pudiera parecer que sí en primera aproximación: leyendo de izquierda a derecha nos encontramos con un dato alto al principio, dos datos intermedios, y luego uno final más bajo. El problema es que matemáticamente no está tan claro, ya que en ningún caso los puntos conforman una línea recta.

Los estadísticos resuelven estos problemas haciendo lo que se llama un ajuste lineal. Eso significa que se calcula la recta que se aproxima más a un conjunto de puntos; entendiendo como "mejor ajuste" no que la recta pase por algún punto en particular, sino que la distancia entre la recta y los puntos arroje una cantidad mínima. Es práctica estándar en estadística, y aunque podamos usar cualquier curva en este caso vamos a restringirnos a rectas.

Pero que podamos calcular una recta para ver la tendencia no significa que los puntos realmente se distribuyan en forma de recta. Para evaluar eso, hay una cantidad llamada coeficiente de correlación lineal (r). Cuando |r|=1, los puntos forman una recta perfecta, y cuanto más bajo sea el valor absoluto de r, tanto peor es ese ajuste. Por lo general, un ajuste con sólo cuatro puntos exigirá un valor de |r| de por lo menos 0,95; menos de eso es un "no sé, parece que, pero no juraría yo que..." Valores más bajos nos harían pensar en el caso del tipo que pone un pie sobre una estufa y otro pie sobre un bloque de hielo para estar cómodo en promedio.

Bien, vamos a ajustar. Las siguientes gráficas corresponden a los datos RR y HAP, junto con las respectivas rectas de mejor ajuste. Los cuatro valores en el eje horizontal (1, 2, 3, 4) indica los  cuatro conjuntos de deuda: 0-30%, etc, etc; los del eje vertical indican los valores medios del incremento del PIB:


En ambos casos, los valores de r son negativos, lo que indica que la recta de ajuste tiende hacia abajo. Lo importante es el valor absoluto. Los datos originales RR tenían un valor absoluto del coeficiente r de 0,84. lo que significaría la expulsión a patadas de mi laboratorio de prácticas. La versión modificada HAP es algo más decente, |r|=0,93, lo que no es para tirar cohetes pero entra dentro de lo admisible.

Una diferencia importante es que, si bien ambas gráficas tienen una tendencia a decrecer, la de la derecha lo hace de forma más suave. En ambos casos, el hecho de que haya tan pocos datos hace que la tendencia ser bastante precaria. La recta RR tiene una pendiente de -1,21 con un error de ± 1,49; en el caso HAP, tenemos una pendiente de -0,59 ± 0,45. Es decir, parece que tiende a decrecer, pero no deberíamos poner la mano en el fuego.

Como ven, la información que podemos extraer de un conjunto de cuatro puntos es limitada. ¿Por qué no vamos a la fuente original y extraemos los valores de crecimiento y deuda para todos los años de todos los países industrializados? Quizá eso nos aclare las cosas; y en efecto, lo hace. Pero lo dejaremos para la segunda parte, que no quiero cansarles. Hora del recreo.

martes, 16 de abril de 2013

Un físico sin complejos

Hace dos años, comencé a participar en Amazings para escribir sobre temas de divulgación científica. En aquellos lejanos tiempos Twitter me resultaba algo extraño, la blogosfera comenzaba a soportar mi presencia y mi experiencia como divulgador se limitaba a explicarle a mi esposa en qué consistía esa bonita banda marrón que se ve en el horizonte al atardecer; por cierto, que no volvió a preguntarme más sobre ciencia.

Hoy puedo decir con orgullo eso de Ich bin ein... er, bueno, que soy divulgador bloguero, o como se diga en alemán. Mi experiencia me sirvió para hacer nuevos amigos y aprender de multitud de ladrones de cerebros (como diría Estupinyá). Ahora, con dos años de experiencia en Amazings, perdón, en Naukas, creo que he aprendido a enseñar. No me gusta presumir, pero si mi propia mi hermana me llama desde Alemania para que le confirme que los meteoritos de Siberia no van a exterminar a la Humanidad, debo de estar haciéndolo francamente bien.

Ahora, con casi cincuenta artículos escritos en Naukas, ha llegado el momento de recopilarlos en forma de libro. El motivo es, fundamentalmente, el de pervivencia. He visto webs magníficas caer con los años. Los artículos se borran, se pierden, los enlaces cambian y los estupendos escritos de otros años se olvidan. No quiero que le pase eso a los míos, y aunque deseo a Naukas cien siglos de éxito ininterrumpido, nadie sabe lo que sucederá después. Mejor prevenir que lamentar.


También hay otros motivos. En ocasiones, los comentarios de los lectores son tan jugosos como el propio artículo, y por eso he incluido algunos de los más interesantes al final de cada artículo. También viene bien echar la vista atrás, ya que los artículos escritos en el calor del momento acaban desactualizados o modificados por acontecimientos posteriores. En tales casos, añadir una actualización al final del artículo añade, en mi opinión, valor al texto original. Los fallos de estilo, frases mal redactadas, errores tipográficos y demás bichos deben ser expurgados, y una recopilación es el momento ideal para hacerlo.

Finalmente, pero no menos importante, algo que debemos tener en mente aunque nos duela: Internet es un bicho evanescente. Como he dicho antes, los enlaces de hoy son los errores 404 de mañana. En ocasiones, son los propios interesados quienes los retiran para que no los critiquen; otras veces el blog o la empresa enlazada desaparecen por cierre, aburrimiento, absorción, y muchos otros motivos. Es una buena idea revisar los antiguos enlaces para comprobar que todavía funcionan, y en su caso sustituirlos por otros en buen estado.

El resultado de todo ello es un libro, disponible en formato electrónico en Amazon.com por una módica suma; lo que nos lleva a la cuestión de ¿por qué deberías, lector, gastarte el dinero cuando ya tienes mis artículos en Naukas? Como gente razonable que somos, te daré argumentos. En primer lugar, si te han gustado mis artículos, seguro que te parecerá bien contribuir a sostener económicamente a quien te ha proporcionado tan interesantes lecturas de forma gratuita y sin compromiso. En segundo lugar, si tienes un libro electrónico te resultará mucho más cómodo tener todos mis artículos reunidos en una sola obra, en lugar de tener que buscarlos uno por uno en la web de Naukas.com.

Por último, un argumento de responsabilidad social. Soy, si no me equivoco, el articulista que ha escrito más veces en Naukas, y eso significa que soy de los primeros que ha acumulado suficiente material para producir un libro recopilatorio. Si mi experiencia es buena, puedo estar marcando el camino a seguir para otros naukers, y en general para todo tipo de personas que deseen vivir de lo que escriben en Internet. Siguiendo esa idea, cuando publiqué mi primer libro (por cierto, inciso: tengo publicado otro libro), redacté mis impresiones en un artículo titulado "¿Quieres escribir -y publicar- un libro electrónico?" Este nuevo libro contiene una versión actualizada y corregida de ese mismo artículo, con la esperanza de que le resulte útil al lector que, tras leer mi libro, esté considerando la posibilidad de convertirse en escritor.


Y aunque no tengo abuela, mis padres me inculcaron la humildad y discreción que me caracterizan, así que no voy a alabarme más. Prefiero que lo hagas tú, amable lector, si es que te parece bien. Pulsa en el enlace, bájate mi nuevo libro y léete tranquilamente el 10% que permite Amazon. Si deseas el libro completo, un clic y será tuyo; en caso contrario, tranquilo, seguimos siendo amigos.

Casi lo olvido: el libro se titula Un Físico sin Complejos. A pesar de lo cual soy una persona de lo más maja y normalita. De verdad de la buena. Bueno, casi.




Un físico sin complejos está disponible en la Tienda Amazon: