Tengo muy
abandonado el propósito original de este blog, que no se llama Física de Película por nada; es lo que
pasa cuando un comienza a ver y hacer cosas interesantes, que luego no pueda
parar. Pues de hoy no pasa. Vamos a darle caña a la última de Tom Cruise.
Llevo dos
semanas dudando entre si ver Oblivion
o no. En la lista de pros: es una película de ciencia-ficción; en la de contra:
Tom Cruise. Considerando que Total Recall no
me dejó tan mal sabor de boca, y que incluso me permitió jugar con la física
de la Catarata, me arriesgué. Para resumirles mi conclusión, ¿recuerdan la
última película que perpetró Ridley Scott, Prometheus?
Pues lo diré de esta forma: comparada con Oblivion,
Prometheus es Ciudadano Kane.
La verdad es que
no me esperaba otra cosa. No he visto a Tom Cruise salir satisfactoriamente del
papel de "chico de buen rollo, duro pero de sonrisa eterna" que patentó
en los ochenta. La película, por su parte, es poco original, me recuerda a otras
mucho mejores (tiene trazas de otras obras como Moon, Matrix, Wall-e e
incluso Independence Day). El guión
es hasta cierto punto predecible, es plano, aburrido, hecho a la medida del
protagonista (impagable la escena de combate aéreo, cuando pone esa sonrisa de
"jopeta, cuánto echaba yo de menos Top
Gun"), y los supuestos giros espectaculares de argumento son tan
sorprendentes como la bruja del túnel del miedo. Si tiene usted algo mejor que
hacer, como emparejar calcetines, aproveche su tiempo.
Hala, ya me he
quedado a gusto con la película desde el punto de vista cinéfilo. Vamos a
echarle un vistazo a la
Física. Como de costumbre, voy a desvelar un poquito del
argumento, lo justo para que se entienda lo que viene a continuación. Alerta
spoiler, pues. Para fastidiarle lo mínimo posible, le diré que Tom Cruise es un
técnico de mantenimiento en una torre que controla los restos de la Tierra, en ruinas tras una
guerra alienígena. La destrucción vino de la mano de una raza llamada los
Carroñeros, que destruyeron la
Luna para arrasar la superficie terrestre. La voz en off nos
explica lo que sucedió:
Sin la Luna, la Tierra se sumió en el caos. Los terremotos
derruyeron las ciudades en horas. Los tsunamis arrasaron lo que quedaba en pie...
Al mirar al
cielo, se ven todavía los restos de nuestro hermoso satélite, un fragmento
enorme junto a un anillo de piedras y polvo. Eso ya despertó mi suspicacia.
Supongamos de algún modo que, en efecto, una raza alienígena tiene el poder de
reventar un objeto del tamaño de nuestra Luna. Dejemos de lado el hecho de que
unos seres con semejante poder podrían, sencillamente, saquear el resto del
Sistema Solar en busca de materias primas, agua y fuentes de energía, sin
complicarse la vida con esos monos armados con bombas nucleares. Y por
supuesto, imaginemos que no forman parte de un Imperio Galáctico, y que no han
hecho una exhibición de fuerza para que el miedo a su Estrella de la Muerte mantenga en calma
los sistemas locales.
¿De qué sirve
destruir la Luna?
En principio, algunos de los fragmentos lunares podrían caer sobre la Tierra, devastándola, a
estilo Starship Troopers. Sería como
matar moscas a cañonazos, habiendo tantos asteroides y cometas para escoger,
pero vale. Personalmente, dudo que la cantidad de energía de fusión que puedan
extraer de la Tierra
compense el enorme dispendio en energía necesario para destruir una luna, pero
yo no soy extraterrestre, así que de nuevo, y a los fines de argumentación, lo
dejaré pasar.
El problema es
que con el tiempo los fragmentos desgajados de la Luna, o bien volverían a caer
sobre ella, o bien escaparían al espacio exterior. Así pues, ¿por qué cincuenta
años después de la voladura, los fragmentos continúan sobrevolando los restos
lunares? La escena que contemplamos en la película solamente tendría sentido si
una gran cantidad de despojos se las hubiera apañado para permanecer en la
misma órbita que la Luna,
sin atraerse mediante fuerzas gravitatorias, algo a todas luces inverosímil.
Pues nada, miramos al cielo de Oblivion
y parece como si la explosión hubiese tenido lugar la semana pasada, en lugar
de medio siglo antes.
De la
explicación dada al principio de la película, no obstante, se deduce que no fue
la lluvia de fragmentos lo que arrasó la Tierra.
Un trozo tan grande como el que se cargó a los dinosaurios
podría devastar la superficie, produciendo terremotos y tsunamis de gran
envergadura, pero ¿cómo pueden los alienígenas calcular el tamaño y trayectoria
de los trozos lunares? ¿De verdad tienen sentido arriesgarse a destruir la
corteza terrestre, privándose así de las materias primas que habían venido a
buscar? Repito que hubiera sido más fácil y efectivo enviar un asteroide de
tamaño adecuado.
Yo creo que la
clave está en ese "sin la Luna, la Tierra se sumió en el caos"
No parece ser la destrucción de la
Luna, sino su desaparición, lo que acabó con la Tierra. No, no creo que
la Humanidad
se hubiese vuelto loba, y al desaparecer la Luna enloqueciesen; aunque espero que no esté
leyendo esto ningún guionista, que ya estoy harto de tanta peli de hombres lobo
cachas.
Mucho me temo
que Oblivion se pueda haber inspirado
en ciertas teorías magufas que relacionan la posición de la luna con la
aparición de terremotos. Ya escribí al respecto en 2011, con ocasión del terremoto
de Lorca y el tsunami
de Japón. Lamentaría que esa película contribuyese a mantener el mito de la
superluna destructora a mayor gloria del guaperas de Cruise y los bolsillos de
Hollywood; pero me he prometido no darle más caña al guaperas (ya lo he hecho
incluso por televisión),
así que voy a explotar un poco la hipótesis de la película, que recordemos, era
la desaparición de la Luna.
Por las puras
ganas de argumentar, imaginemos que la
Luna ha desaparecido de la orbita terrestre, como en la serie
Espacio 1999, y que los fragmentos no
producen daños a escala planetaria. En el caso de Oblivion, para ser correctos, solamente ha desaparecido una parte
de la Luna,
digamos la mitad, pero por pura comodidad podemos simplificar, así que
supondremos que se desvanecido por completo. Las consecuencias serían diversas.
Veamos algunas.
En primer lugar,
la órbita de la Tierra
cambiaría ligeramente. En el cole les habrán enseñado que seguimos una órbita
elíptica alrededor del Sol. En realidad, no es la Tierra la que sigue dicha
órbita, sino el centro de masa del sistema Tierra-Luna. En la actualidad, ese
centro de masas está a unos 1.500
km. de la superficie terrestre. Al desaparecer la Luna, dicho centro de masas
se desplazaría hasta el centro del planeta. La consecuencia sería que la órbita
de la Tierra
alrededor del sol variaría respecto de la actual (dependiendo de la posición de
la Luna en el
momento de su destrucción) unos 4.500 km. Ese cambio ya lo tenemos entre una fase
de la Luna y la
opuesta, y por supuesto la distancia al Sol varía mucho más entre estaciones,
así que esto no representaría problema para nuestra supervivencia.
En segundo
lugar, sin la Luna
el equilibro de fuerzas cambia. Los principales cuerpos celestes que ejercen
fuerzas sobre un objeto en la superficie terrestre son la Luna, el Sol, y por supuesto
la propia Tierra. Podemos usar la
conocida fórmula F=GMm/r^2 para calcular la fuerza sufrida por un objeto de un
kilogramo de masa. Obtenemos los siguientes resultados:
F(Tierra) =
9,8 N
F(Sol) = 0,006 N
F(Luna) = 0,000034 N
Como puede
verse, la fuerza ejercida por la
Luna es casi doscientas veces inferior a la ejercida por el
Sol. No parece que vayamos a echarla de menos a efectos gravitatorios. ¿Cierto?
¡Erroooooor! El efecto más significativo vendría dado de la mano de las mareas.
Tanto el Sol como la Luna
producen mareas, como sabe cualquier marino. Lo que quizá no sepa es que las
mareas no se deben a fuerzas gravitatorias, sino a diferencias entre fuerzas gravitatorias.
Verán ustedes.
Cuando hacemos cálculos para calcular la órbita de la Tierra, tácitamente
admitimos que la fuerza neta del Sol sobre la Tierra se localiza en nuestro centro de masa. Esa
simplificación permite tratar a nuestro planeta como un objeto puntual. Pero no
lo es. Si tenemos al Sol justo por encima de nuestras cabezas, lo tendremos
unos 6.400 km
más cerca que el centro del planeta; eso significa que a nosotros nos atrae con
algo más de fuerza que al centro de la Tierra, que a su vez será atraído con algo más de
fuerza que los habitantes de Nueva Zelanda.
Ese es el origen
de las mareas. El Sol atrae las masas de agua más cercanas con algo más de
intensidad, elevando algo el nivel del mar; en el otro extremo del globo, atrae
al planeta con más intensidad que a las masas de agua, lo que también provoca
la elevación del nivel del mar (para ser estricto, en ese caso no es que el
agua "se eleve" sino que es la Tierra la que "se hunde"). La
superficie del mar, vista por encima del Polo Norte, se parecería a un
elipsoide abombado en la dirección del Sol. Por supuesto, la Luna hace el mismo efecto.
Los efectos de
marea se llaman así porque estamos familiarizados con su manifestación más
habitual, la subida y bajada del nivel del mar; pero también podemos verlo en
ausencia de agua. En una estación espacial en rotación, de esas que salen en
las películas, la cabeza del astronauta sufre una aceleración centrífuga (sí,
he dicho centrífuga) diferente que la que actúa en los pies; y si el astronauta
estuviese cayendo en un agujero negro, las fuerzas de marea lo destrozarían.
Llega ahora la
hora de calcular el efecto de las mareas. Les dije antes que dependía de la
diferencia de fuerzas, y así es. Supongamos un cuerpo 1, de radio r y masa m
(por ejemplo, la Tierra)
que gira a una distancia R del cuerpo 2, que tiene una masa M. Vamos a suponer
vacas, digo cuerpos esféricos y homogéneos. El extremo más cercano del cuerpo 1
se encontrará a una distancia (R-r) del cuerpo 2, en tanto que el extremo más
alejado estará a una distancia (R+r). Eso producirá una diferencia de fuerzas
igual a:
ΔF = Fcercano - Flejano = GMm/(R-r)^2 -
GMm/(R+r)^2
Suponiendo que
el radio r es mucho menor que la distancia R, podemos aproximar la ecuación
a esta:
ΔF ≈ 2GMmr/R^3
Para el caso de la Tierra, las diferencias de
fuerza sobre un objeto de 1 kg
de masa, debidas al Sol y a la
Luna, serían:
ΔF(Sol) = 0,0000011 N
ΔF(Luna) = 0,0000023
N
Vaya, vaya, la
cosa cambia. ¿Recuerdan que la fuerza gravitatoria debida a la Luna era doscientas veces
inferiores a la del Sol? Pues resulta que la Luna provoca mareas más de dos veces superiores a
las del Sol. Ya les dije que las mareas estaban relacionadas con las
diferencias de las fuerzas, no con las fuerzas en sí.
Cuando el Sol y la Luna están más o menos
alineados (en Luna nueva o Luna llena), ambos efectos se suman, dando como
resultado las llamadas mareas vivas.
Por contra, en cuarto creciente o cuarto menguante, los efectos tienden a
anularse (aunque no lo hacen del todo), dando lugar a las mareas muertas. La desaparición de la Luna tendería a promediarlas
ambas, dando como resultado un único tipo de marea que variaría cada 24 horas
debido tan sólo al Sol.
Lo que no veo
por ningún lado es el efecto que tendría sobre las placas tectónicas. Las
mareas serían algo distintas, eso es todo. Provocaría cambios en los patrones
de circulación oceánicos y atmosféricos, los hombres lobo no se comerían una
rosca, y los enamorados tendrían que besarse a la luz de... bueno, de las
luciérnagas, o bien descubrir el placer de la oscuridad absoluta.
Lo único que se
me ocurre para intentar salvarles la papeleta a los guionistas de Oblivion es barruntar que la explosión
de los alienígenas podría haber tenido como fin no la destrucción de la Luna, sino la modificación de
su órbita. Un pepinazo bien dado pondría a nuestro satélite en una órbita más
cercana, probablemente elíptica pero con un perigeo (distancia más cercana)
mucho menor que el actual. Fíjense en la última ecuación, y en su dependencia
con el cubo de la distancia. Una Luna diez veces más cercana provocaría mareas
10^3 = mil veces mayores. Ahí sí que tendríamos para preocuparnos. Incluso si
no desencadenasen terremotos, el enorme tsunami derivado de las nuevas fuerzas
de marea barrería regiones enteras.
Una variante
particularmente perversa consistiría en acercar la Luna tanto que las fuerzas de
marea de la Tierra
sobre la Luna
fuesen tan intensas que provocasen la fragmentación de ésta. Es el llamado límite de Roche. Cualquier cuerpo que
se acerque a nosotros más allá de ese límite (y que se quede el tiempo
suficiente) acabará hecho papilla. Para la Tierra, y considerando una Luna rígida, el límite
de Roche se encuentra a 9.500
km del centro del planeta. Ambos cuerpos tendrían que
acercarse hasta casi rozarse. En ese caso, las fuerzas de marea sobre nuestro
planeta serían enormes, y la fragmentación de la Luna sería el último de
nuestros problemas.
Las escenas de Oblivion donde sale la Luna no permiten apreciar su
distancia, pero la verdad, incluso sin meter al señor Roche en la ecuación,
dudo que se encontrase lo bastante cerca como para provocar fuerza de marea
destructoras. Y además, que no cuela. Yo me atengo a lo que dice la propia
película: Sin la Luna, la Tierra se sumió en el caos.
Los terremotos derruyeron las ciudades en horas. Los tsunamis arrasaron lo que
quedaba en pie. Lo deja bien claro: no hay Luna. Si, por el contrario, la Luna se hubiese acercado
tanto como para provocar terremotos devastadores, sería la dueña del cielo
nocturno. La ausencia de la Luna
no desbarataría el equilibro de las placas tectónicas.
Sin ánimo de ser
exhaustivo, se me ocurren otros fallos físicos relacionados con la película. Ya
saben, ojito a los spoilers:
- Se supone que
los humanos usaron armas nucleares para defenderse de los Carroñeros, y por eso
hay zonas prohibidas a los humanos. Esas zonas aparecen nítidamente como líneas
rectas quebradas en el mapa, cuyo traspaso implica morir sí o sí. Una explosión
nuclear provocaría una zona de radiación muy irregular, dependiente de los
vientos y la configuración del terreno. De hecho, ¿no se extendería y diluiría
la radiactividad en medio siglo?
- (Esta me la
apuntó mi hijo). El prota tiene un vehículo volador propulsado por dos motores
a los lados, de dirección variable. También tiene un rotor de cola como el de
los helicópteros. La función de dicho rotor, en un helicóptero, es compensar la
rotación de las palas principales (que, si giran en un sentido, harían girar al
helicóptero en sentido opuesto). ¿Para qué las necesita en un helicóptero sin
palas? La función secundaria, orientar la nave, puede obtenerse de forma más
eficaz con motores laterales.
- La aeronave
anteriormente descrita acaba siendo pilotada por el prota hasta el TET, una
enorme estación orbital. ¿Cómo puede orientarla en el vacío? El rotor de cola
sería totalmente inútil. De nuevo, la alternativa de motores laterales sería
más útil aquí.
En cuanto a los
fallos argumentales, de guión, de interpretación, etc, se los dejo a otro como
ejercicio. Y, puesto que el término oblivion
se puede traducir como olvido o falta de atención, mi recomendación es que
"oblivione" usted esta prescindible película y dedique su tiempo a
actividades más interesantes. Esos calcetines no se emparejan solos.












